lunes, 29 de noviembre de 2010

Para tomar cuatro copas…

Como bien diría alguna persona mayor, la cual sabe más por viejo que por diablo, los amigos se cuentan con los dedos de una mano. Yo soy de los que piensan, que de esa mano sobran bastantes y de los cuales, siempre estará, el que te pega la puñalada trapera por lo que sea… ¡Hablar es gratis! y el que esté libre de pecado, que tenga los cojones suficientes para tirar la primera piedra…
Desde que era un niño siempre he estado rodeado de mucha gente, pero siempre he echado en falta lo mismo. Siempre he buscado por un lado y por otro un mismo significado, el cual, aunque sea una sola, todos hemos sentido o creído sentir a lo largo de nuestra vida. Buscando en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, amistad significa “relación de afecto y confianza entre las personas”, por lo cual yo pensaba, o soy la persona más complicada del mundo, o eso… yo lo veo muy poco.
Hace poco más de un año que empecé la etapa de mi vida en la que decido de terminar algo académicamente hablando y le hecho cojones y horas al asunto. Gracias a un compañero de clase, el cual me ha demostrado que puedo contar con él para lo que sea, conocí a una serie de personas que de una manera u otra han influido en mi vida. Con ellos he pasado momentos inolvidables en los que me he reído hasta reventar y con los cuales, he derramado alguna lagrima que otra. Hablo de la gente, de la que hasta hoy es mi peña, la Peña Rociera “El Chusco – Los tiesos”.
Con ellos, he vivido este año una romería del Rocío inolvidable, llena de anécdotas y momentos  de muchísima emoción. Siempre quedara para mí, ese trocito de la calle Princesa Sofía, en la que disfrutamos como energúmenos de cuatro días junto a la Reina de los Cielos.
En aquella casa, aparte de todos estos, había gente que no había visto en ningún momento y que ahora están aquí, como otra parte importante de mi vida. Gente, con la cual, por  derroteros de la vida, estoy viviendo momentos inolvidables y un verano de categoría, como no recordaba desde que aquellos años en los que era un niño que jugaba con mi primo Joselito en los corrales de la Almadraba de Rota, con las rodillas llenas de tiritas de Mazinger Z y un taco de estampitas de futbol repetidas que apostaba jugando a las cartas en la puerta de la plaza de abastos de la zona norte.
Fue en ese Rocío, y exactamente hace más o menos 6 meses, donde conocí a un amigo, de los cuales, hasta el día de hoy, puedo decir que es de los de verdad, y que de una forma muy sencilla me ha enseñado parte del significado de la palabra amistad, sin pedirme nada a cambio, todo lo contrario… abriendo las puertas de su corazón de par en par.
Habrá de los que piensen que este articulo viene ahora para darme el pegote, o porque quiero endulzar las orejas de la gente. Sencillamente lo que piensen los demás sobre esto,  me viene al “pairo”, hablando de muy finas maneras, porque a mi gracias a Dios, no me hacen falta blogs ni historias para demostrar a nadie lo que soy ni de dónde vengo. Yo pienso que no soy de los que guarden, de los que no se saben por dónde van a venir las guantadas sin manos que de vez en cuando nos llevamos que nos hacen chiribitas en la cara. El que me conoce de verdad, sabe que estoy ahí para lo que necesite, con mis virtudes y mis muchos defectos, y que ayudo en todo si esta de mi mano y que siempre que me sea posible estaré a su lado sin buscar nada a cambio. Las gracias hay que dárselas a otros entes que hacen más por nosotros que nosotros por ellos y si alguien quiere comentar, que lo haga, que como ya he dicho antes hablar es gratis…
Para mí un amigo no es que me dice lo bien que hago esto  o lo bien que se lo pasa conmigo, por que como bien dice la sevillana que da nombre a este articulo “Para tomar cuatro copas amigos tengo un montón…”, de esos hay a montones compadre, nos los encontramos en cualquier sitio y a cualquier hora. Para mí un amigo, es aquella persona que sin decir ni preguntar nada, está junto a mí en los momentos en los que las lágrimas me salen de los ojos y corren por mis mejillas. Es aquel que sabe, a simple vista, que me pasa algo aunque no haya dicho ni una palabra y que con una simple mirada este al quite de todo y el toro no le viene por sorpresa.
Por muchas veces que lo piense en común solo tenemos algunas cosas, la Semana Santa, que nos bebemos lo mismo el White Label que el John Cor y que no cambiamos una fiesta ni por todo el oro del mundo… para nosotros lo importante es tener un “vasito” de los largos en la mano y hablar de tonterías como hablan los “señores” en una de esas noches de Jueves Sacramentales en los que da lo mismo que jugando a las cartas, salga el dos de oro (puto dos de oro) o que sea el culo… y que después de unas risas, y alguna que otra pelea de cómo se pondrá el Belén este año, haya una voz que diga “Prohibido el cante….” intentando callar las voces populares que rondan por la calle Tornería a esas horas de la noche….
Nunca cambiare esas noches de jueves en ese lugar, como tampoco cambiare esa sevillana de las que llamamos puras, que está en el CD medio rayado de mi coche… la número 7, que habla del  santero, el cohetero, la camarista y el tamborilero, que parece que hemos escrito nosotros porque es más nuestra que de ellos y cantamos a todas horas… Nunca cambiare muchas charlas en las que me has enseñado un sinfín de cosas por las cuales hay que darles la importancia que tienen y que casi siempre no vemos… A mí no me hacen falta Land Rovers llenos de gambas y langostinos por el coto mientras tú seas uno de los que estén en mi casa del Rocío, ya  sea en Princesa Sofía o en Santa Olaya.
Supongo que todo es muy prematuro y que las cosas de la amistad, lo mismo que las cosas de palacio, van muy pero que muy despacio, pero aun así, la felicidad no me la puede quitar nadie. Lo material se va todo por el desagüe, pero lo que se queda en el corazón, eso nos lo llevamos al Km 4 de la carretera oscura que hay entre Jerez y Estella, por que por mucho que luego lo intentemos borrar, quedara dentro de nosotros para el resto de la eternidad.
Sé que es poco tiempo para llamarla una gran amistad, pero lo único que sé es que si dentro de unos años las cosas siguen así, no seremos como amigos sino que seremos como hermanos…
 Gracias por estar ahí en los malos y en los buenos momentos…
Te quiero un montón artista.

jueves, 25 de noviembre de 2010

EL AJUAR DE LA SEÑORA DE REINA






















ESTO ES PARTE DEL RICO AJUAR DE LA VIRGEN DEL ROCIO CUANDO LUCE LAS GALAS DE REINA... TAMBIEN PODEMOS ENCONTRAS ENSERES DEL DIVINO PASTORCITO...

martes, 5 de octubre de 2010

NO SE ME BORRA EL RECUERDO, Y ERA MI PRIMER ROCIO...

Como dice la sevillana, que mi compadre Dani lleva hasta grabada en su medalla "No se me borra el recuerdo..., y era mi primer Rocio", asi tengo que empezar a hablar de una persona, la cual, tienen en mi corazon un pedazito muy grande por que se lo ha ganado solo con ser como es, buena gente.

Era el mes de Octubre de 2007, concretamente en el puente del Pilar cuando lo conoci, en la Aldea del Rocío, y fue por culpa de el, por lo cual conoci la verdad del Rocío, que no tiene otra que la Virgen...

Mi tato, que es asi como lo llamo desde aquellos dias, me ha enseñado con su saber estar y su amor a la Madre de Dios, que es el Rocio verdadero, el Rocio que no tiene ni panderetas ni guitarras... Un Rocio, en el cual, el camino no empieza ni un miercoles ni un jueves del mes de mayo, sino que empieza en el momento que se nace y se hace dia a dia...

Desde esos momentos, que vivimos en la Hermandad de Sanlucar de Barrameda, se que tengo una familia en la Ruta del Tempranillo, en un pueblo que esta rodeado de olivares y que huele a romero y lentisco por cada una de sus esquinas... Un pueblo llamado Badolatosa, donde se que tengo mi casa desde aquel momento y en la cual me han abierto sus puerta no como ha un amigo, sino como a un hijo.... Un pueblo en el que me siento como en mi casa, con su gente y tambien las mias, como la Tia Juana, Amparo, Jesus, Don Jose, Dolores, Fran, Juan de Dios, Marina,  el Tio Adolfo, los padres de Loli, y asi, un sin fin de personas que no quiero olvidar por toda la felicidad que aportan en aquella Taskita que es para mi, como la puerta de la Gloria...

Desde aqui lo que quiero que sepas, es que tanto tu como tu mujer y tus hijos, sois muy importantes para mi y que sois parte de esa familia rociera que se guarda en los adentros del alma y nunca se olvidan, que sin vuestra presencia en la Aldea, los Rocios siempre seran diferentes para mi....

Tato, ya mismo se cumpliran los dias y estaremos de nuevo en ese mismo sitio... Ya mismo estaremos mirando como esa gente de la Roda se esta partiendo las gargantas en su porche y Ella, quiere mirarnos con sus ojos verdes....



Gracias por estar ahi, y por enseñarme tantas cosas...por que aunque ya habia estado en el Rocio antes, ese fue mi primer Rocio, y no era ni romeria... Gracias por ese, Mi primer Rocio....

miércoles, 15 de septiembre de 2010

ME PARECIO QUE LLORABA

Por Antonio Caballero
Revista ROCIO marzo 1960


Tengo una pena en el alma... desde el 7 de Febrero...

Camino del Rocío, se suscitó el tema de que, de algún tiempo a esta parte, la Virgen llora...

En el Rocío, pareció me observar que la Blanca Paloma –la Virgen más bonita del mundo entero- estaba apenada, como queriendo romper a llorar...

Siempre la vi sonreír...; esto lo puedo jurar... De vuelta del Rocío, la pena que creí sorprender en el rostro bendito de la Reina y Madre de las Marismas me tiene hondamente preocupado...

Por qué está triste la Blanca Paloma? ¿Por qué ha de llorar la Reina de las Marismas?

Conocemos algunos motivos que hicieron llorar a Jesús: el encuentro con las almas enlutadas por la muerte de seres queridos, la amargura de amistades rotas, la previsión de catástrofes patrióticas con toda la secuela de víctimas inocentes y culpables...

Íntimamente compenetrada con Jesús, su Madre María. La solidaridad con la desgracia humana, el desconsuelo de amistades rotas, la amenaza de conflictos bélicos...; todo eso puede provocar las lágrimas de nuestra bendita Madre la Virgen del Rocío...

Digan si no es para llorar una Madre el desacato de los hijos al Padre, la desunión de los hermanos que se llevan a matar!

No ha de dolerle a la Madre de los hombres que se empeñen en convertir en Calvario el mundo universo!

No ha de sentir honda pena ante el egoísmo humano, pronto a pedir favores, tardo en ofrecer consuelos!

Que ya va siendo hora de que los auténticos rocieros acudan al Santuario de Almonte a compartir alegrías con Aquella que es la causa de cuantas tener podamos...

Que ya va siendo hora de que los auténticos rocieros incorporen a su vida el misterio de María que no es otro que llevarnos a Jesús...

Y si las sonrisas que siempre prodigó en su Palomar de Almonte no lograron, en muchos casos, ganar para Cristo al “fervoroso” rociero, nada más lógico que muestre su contrariedad y disgusto con el reproche imponente de las lágrimas de una Madre que llora...

Me parece que lloraba... Si la seriedad de la vida, si el sentido del pecado, si la importancia de la salvación, si el sentir con la Iglesia y con el débil, si el dejarnos llevar por su mano hasta el encuentro con Jesús, si la práctica de los Ejercicios Espirituales..., si todas esas cosas en conjunto, o cualquiera de ellas en particular, fuera requisito para enjugarte las lágrimas y devolverte la sonrisa, ¡oh mi Virgen del Rocío!, yo lo haría todo...
¡¡ANTES DE VERTE LLORAR!!

ANTONIO CABALLERO
Puerto de Santa María

jueves, 9 de septiembre de 2010

DECRETO DE CORONACIÓN CANÓNICA DE LA STMA. VIRGEN DEL ROCÍO

“Rafael, del titulo de Santa Práxedes, de la Santa Iglesia Romana presbítero Cardenal Merry del Val, Arcipreste de la Santa y Patriarcal Basílica del Príncipe de los Apóstoles, de Roma, Prefecto de la Sagrada Congregación de la Reverenda fabrica y del capitulo y canónigos de la misma.



Al Eminentísimo y Reverendísimo Señor Enrique Almaraz y Santos, Arzobispo de Sevilla, en España, salud sempiterna en el Señor:

A nuestro Capítulo, al cual pertenece el derecho y el honor de coronar las imágenes de la Madre de Dios celebérrimas por la antigüedad de su culto o por sus muchos milagros. Tú, Eminentísimo y Reverendísimo Señor, recientemente expusiste que era venerada en su iglesia, cerca de la villa de Almonte, de tu Archidiócesis, la preclara imagen de Nuestra Señora por el pueblo llamada NUESTRA SEÑORA DEL ROCIO, la cual, así por la fama de sus prodigios como por la antigüedad de su culto, recibe constante y fervorosa veneración de la religiosa piedad de los pueblos circunvecinos. Por lo cual, llevado de singular afecto de devoción, con instantes preces, pediste que la celebérrima Imagen fuese decorada con aquella corona áurea, con que suelen ser coronadas por nuestro Capítulo las más prodigiosas imágenes de la Madre de Dios. Sabemos, además, que a tus preces asisten los votos del Reverendísimo Clero y del Excelentísimo Ayuntamiento de la dicha VILLA DE ALMONTE y de innumerables fieles. Así, pues. Nos, con empeño constante, cuando se trata de honrar a la Santísima Virgen, estamos siempre solícitos, con objeto de que en todas partes se le rindan agradecidos obsequios de la devoción de los pueblos, propicios a estas súplicas, congregados en el día 11 de agosto de este año en el aula Capitular, examinamos el memorial de petición referente a la extendida fama de milagros y del celebérrimo culto de esta sagrada Imagen. Por lo cual, recibido primero el voto del Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Decano de Nuestro Capítulo, favorablemente emitido en este asunto, porque Nos estamos ciertos de que aquella augusta Imagen reúne plenamente todas las condiciones y circunstancias que se requieren para la solemne coronación, por acuerdo unánime decidimos y mandamos, para mayor gloria de la Santísima Trinidad y para nuevo y singular decoro y honor de la Madre de Dios, que la Santísima Imagen de Nuestra Señora, llamada por el pueblo NUESTRA SEÑORA DEL ROCIÓ, sea en solemne rito con diadema de oro coronada. La facultad de hacer esta coronación te concedemos a Tí, Eminentísimo y Reverendísimo Señor, y por las presentes letras te la conferimos, con objeto de que, el día que dispusiereis, convenientemente impongas la corona de oro en la sacratísima cabeza de la dicha Imagen, observando el rito que en tales ceremonias usamos, y si, impedido por cualquier causa, no pudieres realizarlo, te facultamos igualmente para subdelegar en otro constituido en dignidad eclesiástica.

Dado en Roma el día 8 de septiembre del año del Señor de 1918, del Pontificado de nuestro Santísimo Señor el Papa Benedicto XV año quinto.

José Cascioli, Canciller.

Domingo Caney Broggi, Secretario.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

SE QUEDA SOLA LA VIRGEN DEL ROCIO

Por Francisco Gil Delgado

ABC Sevilla mayo 1969


Al Rocío nos vamos. Hace unos años, las sevillanas rocieras dieron en ironizar sobre la construcción de la moderna carretera. La carretera está ahí; pero no ha vencido al camino de la marisma. Por una vez los artificial no ha arrinconado a lo espontáneo. Pero, ¿qué es lo que se ha salvado: el arte, el costumbrismo, el folklore, la belleza de la estampa campestre? Algo más. Se ha salvado una intensa y profunda experiencia de intercomunicación humana. Porque lo más humano –y lo más divino- del camino rociero es el destierro de la soledad.



Donde nada se produce, donde nada se encarece, donde no se vende y donde hay un derecho ancestral a consumir comunitariamente, no ha lugar para la competencia y, por lo tanto, para la impermeabilidad espiritual, que es la que produce el rechace de la soledad. Más aún: allí no puede subsistir ni el reducto último de la incomunicación, que es la negativa del perdón:



“las riñas se vuelven bromas

cuando se oye una voz

¡Viva la Blanca Paloma!


Por eso lo verdaderos garbanzos negros del Rocío son los que no saben perdonar, a pesar de que ellos está siendo perdonados de continuo.


Está bien lo de ir en coche. Pero en el coche anida la competencia: la necesidad de adelantar, de disputar el aparcamiento, de completar plazas, de ir contra reloj. Estas cosas no se dan en el largo y cansino camino de las carretas, donde no hay más reloj que el sol de las alturas. El coche es una reluciente jaula de hermetismo, a la que no es posible acercarse para pedir una copa, una aspirina, un poco de agua o simplemente a preguntar “de donde vienen ustedes”. ¡Va tan ligero el coche! El coche es nuestro propio mundo de cada día, maestro en cerrar espacios. Y las carretas son la ciudad sin murallas, sin puertas, sin reloj. El mundo de las carretas es el mundo de la suprema condescendencia, de la inmensa apertura, del absoluto perdón. El destierro de la soledad.

La vuelta del Rocío, por el camino de la marisma, tiene un dejo de melancolía que no tiene la ida. No es la tristeza de la decepción, como la “vuelta de la feria”, cuando se comprueba que no hay relación entre el sueño y la realidad. No es así. Del Rocío se vuelve satisfecho: la realidad del encuentro con la Señora supera en mucho a la esperanza. Y, sin embrago, hay algo que se derrumba silenciosamente dentro del alma de cada romero en la tarde del lunes, cuando el crepúsculo resbala por los altos eucaliptos del coto. Sólo quedan dos días de comunidad rociera. A la vuelta de un recodo, las chumberas dejarán ver la cinta gris de la carretera: los pueblos engalanados; el ruido de la gente; la lucha por la vida... el retorno a la soledad. Este miedo anticipado es el que llevaba a trasladar nuestra sensación de soledad a la propia Virgen del Rocío en aquella vieja canción que se cantaba como un ritual litúrgico al trasponer el Ajolí de vuelta:



“La Virgen del Rocío

se queda sola,

por aquella marisma

siendo pastora”.


Éramos nosotros los amenazados de soledad; pero nos consolábamos haciendo partícipe de la misma a la propia Virgen.


La copla parece que está ya desplazada por los acontecimientos. ¿Quién se atreverá a decir que se queda sola una Virgen que entre promesas, planes de playa, días de turismo y jornadas de piedad, no deja de ver cómo se paran delante de su santuario, a lo largo del año, miles y miles de coches relucientes? Está bien; pero eso “no” es el Rocío propiamente. Son “visitas” al Rocío. Todos es veloz, fugaz, sin tiempo para la reflexión es el mundo de los coches, el mundo de las competencias, que se acerca, que toca en el Rocío, sin llegar a transformarse. En ese sentido, sin lugar a dudas, el final de la romería sigue dejando sola a la Virgen, sola de una experiencia de apertura humana que, ¡ay!, únicamente dura siete días.


Y sin embargo las cosas no pueden dejar de ser así. La vuelta se impone; las carretas tienen que despojarse de sus encajes, para volver escuálidas a hincharse de heno en el campo o simplemente para dormir un año en el polvo del corral. Y nosotros hemos de volver a la vida: a la vida de las competencias, de los mercados, de la sociedad de consumo. Otra vez el ir y venir de nuestra existencia, como pelota de frontón, desgranando día a día nuestra propia e intransferible soledad.


¿Qué haremos? ¿Añorar, arropados de romantismo estéril? ¿Pactar con lo negro de la vida, como modernos saduceos? ¿Decir que las cosas no tienen remedio y que “lo del Rocío” no es más que un paréntesis? Precisamente porque esto es lo que hace la generalidad de los mortales rocieros al desvestirse de sus trajes de caminantes, es por lo que la vieja copla puede seguir desgranando su melancolía de una “Virgen que se queda sola –por aquella marisma- siendo pastora”.


Se puede hacer algo más. Luchar por convertir nuestra vida conforme al patrón de las virtudes rocieras. “Donde no hay amor, pon amor y tendrá amor”, decía Fray Juan de la Cruz, que pasó su vida en una terrible prueba de soledad y noche oscura. Qué duda cabe: sin espectacularidad, sordamente y cuesta arriba, cada uno de nosotros puede intentar hacer del resto de las semanas del año un Rocío chico, pero ancho.

martes, 7 de septiembre de 2010

REINA Y MADRE

Por José Montoto

ABC Sevilla 25 de mayo 1969


La Virgen. He aquí el amor más hondo y sincero de las gentes de España; el más hondo y sincero de las gentes del Sur; del Sur, que es todo entero de la Virgen, porque en Andalucía reina Ella sobre el trono de gloria de muchos corazones que le rinden honor. La Virgen, con mil nombres distintos, todo bellos y ungidos de poesía, tiene cortes diversas en preciosas ermitas, en magníficos templos, en viejas, centenarias catedrales.


Dicen algunos espíritus mezquinos que hay exageración en ese marianismo. Les parece que es cosa exagerada que en una misma iglesia haya tres, cuatro, cinco imágenes distintas de la excelsa Señora con títulos diversos: el Carmen, los Dolores, la Merced, el Rosario... a más de aquella que lleva el título de Patrona local. Quienes opinan esto no se fijan en que también guardamos fotografías distintas de nuestra madre en diversas etapas de su vida: de soltera, de madre joven, de mujer ya cuajada, de señora mayor... Y cada una de ella nos sugiere un periodo de su vida, un episodio único, un recuerdo distinto.


La Virgen en sus advocaciones nos habla de mil cosas muy bellas y episódicas que son como relieves de aquella cosa grande que es inmutable y única: de ser Madre de Dios y Madre nuestra. Una madre a la que vestimos de diversas maneras y a la que conferimos títulos variados, pero que es en esencia una tan sólo: Santa María Virgen. Sentada en rico trono, de pie erguida y gallarda, con el Niño en los brazos, con cetro y con corona, como Reina del mundo y Emperatriz del cielo, es una y es la misma, aun siendo tan distinta en trajes y actitudes. Sus nombres son poéticos y bellos: del Monte, de la Sierra, del Camino o la Fuente, de la Luz, del Consuelo, de Gracia, de Esperanza... o, como la de Almonte, del Rocío.


El rocío, que no es lluvia, no es sequedad tampoco; es discreta humedad deliciosa que da vida a las plantas, que constela de perlas las hierbas de los campos. Ella es como un regalo de los cielos que da al campo hermosura y esplendor. La Virgen del Rocío es todo eso. Su intensa devoción es a modo de un riego que cae sobre las almas de esos buenos honrados almonteños y sobre los devotos de toda esta región.


No hay, lector, no es posible que exista exceso alguno ni haya exageración en honrar a María a la manera andaluza: con largueza, con lujo, con rumbo y despilfarro; no es posible que en ello se peque nunca por carta de más. La devoción a la Virgen no es tan sólo un impulso que nazca en nuestros corazones, sino que es la obediencia a un mandato de Dios. Fue en el Calvario en donde Jesús dijo a María señalando a San Juan: “He ahí a tu hijo”. Fue enclavado en la cruz cuando a San Juan dijo Nuestro Señor: “He ahí a tu Madre”.

Ella, María Santísima, que es como la aclamamos en mi pueblo, es la Reina de toda esta región. En unos santuarios hay peregrinaciones de carácter local, otras revisten el carácter de comarcal, y esta otra del Rocío es interprovincial, es regional y casi yo diría que nacional. En llanura sin fin, sobre un tapiz de hierbas que viste de verdor al campo entero, al arrimo de casas de sencilla andaluza arquitectura, se alza la iglesia nueva, relicario precioso de tan insigne joya. Y esa joya preciosa, refulgente de gloria sobre trono de plata, sale el día de su fiesta a regalar a todos con su dulce sonreír.


Hace ya medio siglo que un día fue coronada de oro y pedrería. Vuelven hoy a ceñirle esa corona, que supone riqueza generosa. Pero tiene algo más que oro precioso, porque es que la corona va nimbada de un efluvio de amor y de total entrega. Y al pasar en triunfante apoteosis la Virgen del Rocío por la llanura, será, como decimos en la Salve, Reina y Madre de todos, porque fue concebida sin pecado y fue Madre de Dios.

José MONTOTO.

lunes, 6 de septiembre de 2010

¿QUIEN TIRÓ LA PELOTA: JURADO CARRILLO O MUÑOZ Y PABON?





De todos es sabido, que en la historia del Rocío, hay un hecho importantísimo que fue la Coronación Canónica de la Virgen en 1919.

Siempre se le ha atribuido la idea de la misma al hinojero, D. Juan Francisco Muñoz y Pabón (con b y no con v como se ve en muchos sitios, incluso nomenclátor oficiales de calles), con su famoso artículo de "La pelota está en el tejado" publicado el 25 de Mayo de 1918.

Pero ¿realmente fue suya la idea?. Veamos los acontecimientos históricos.

En el año de 1915, la Academia Bibliográfica Mariana de Lérida, convoca un certamen literario en honor de la Virgen del Rocío. Al mismo, se presentó un modesto cuento titulado "El Traje de luces", escrito por D. Cristóbal Jurado Carrillo, Presbítero y Párroco de la localidad de Niebla (Huelva), el cual resultó premiado, siendo publicado al año siguiente.


En sus páginas y a través de su protagonista, Manolillo "el Choquero", un pobre torerillo de Huelva, Jurado Carillo solicita al Arzobispo de Sevilla, la Coronación de la Virgen del Rocío, en memoria de su Asunción gloriosa al cielo.

Recordemos que estamos en 1915. Textualmente podemos leer en el Capítulo V, Pág. 18: "La divina Señora encargó por último al torerillo que fuese a decir, de su parte, al Sr. Arzobispo de Sevilla, que quería que fuese coronada solemnemente su imagen del Rocío en recuerdo de su Asunción gloriosa a los cielos."

Volvamos a 1918. Al día siguiente de la publicación del artículo de Muñoz y Pabón, Jurado Carrillo le dedica una Carta abierta en el Diario "La Provincia", en la que deja claramente expresado que la idea de la Coronación partió de él a través de su cuento antes citado.


Tiempo después, el 7 Octubre del mismo año y en el diario "La Provincia", ya desaparecido, publica "Una Carta", dirigida esta vez al Sr. Presidente de la Junta de Caballeros para la Coronación de la Virgen del Rocío, que no era sino otro que Muñoz y Pabón, insistiendo ya no sólo en la autoría de la idea, sino que además manifiesta tener la misión de verificar el mayor numero de coronaciones de las imágenes célebres de María en España y América, amén de haber escrito numerosas obras para propagar tal devoción, premiadas por la Academia de Lérida anteriormente citada, de la que era Académico por oposición de mérito literario en Andalucía.



También fue quién redactó la exposición dirigida al Papa, solicitando la Coronación en nombre del pueblo de Almonte, que firmaron el Párroco D. Manuel Márquez Gómez y el Alcalde D. Antonio Acebedo Valladolid, así como el mismo Cristóbal Jurado Carrillo.

Otro hecho a destacar es que Jurado Carrillo, fue el representante oficial de los más altos estamentos de Huelva en los actos de la Coronación, tal y como se recoge en los saludas dirigidos al Sr. Cardenal Arzobispo de Sevilla, D. Enrique Almaraz y Santos.

En todas hay una frase que se repite: "iniciador", ya sea de "la hermosa idea", el "solemne acto", de "tan hermoso pensamiento"...

Entonces, ¿quién tiró la pelota al tejado?, como se pregunta Julio Flores Cala en su libro "El Rocío de ayer: 1900-1960":

De la Virgen del Rocío

y de su Coronación:

¿de quién fue aquella idea?

¿fue del párroco de Niebla

o de Muñoz y Pabón?

A la vista de los hechos históricos, hemos de pensar que fue Jurado Carrillo quién la "embarcó", como tradicionalmente de dice en esta tierra y que Juan Francisco Muñoz y Pabón, la recogió del mismo y jugó con ella hábilmente, valiéndose de su popularidad como escritor costumbrista, hasta marcar el gol que le llevaría a la fama.

Por eso, aunque Muñoz y Pabón organizara la Coronación logísticamente, hay que dar su sitio al Párroco de Niebla, Cristóbal Jurado Carrillo, como mentor de la misma tres años antes en su cuento "El Traje de Luces" y por lo tanto, verdadero padre de la idea.

domingo, 5 de septiembre de 2010

EL MIRAR Y EL SONREIR DEL HOMBRE VIEJO

Por José Montoto

ABC 12 junio 1976




Al artículo que acerca de la romería del Rocío publicaba el señor Infante Galán en el extraordinario de A B C del domingo lo ilustraban unas bellas fotografías de Alvaro García Pelayo. Aún cuando todas lindas, una es impresionante de verdad, porque hay en ella la expresión de tres momentos, de tres fases, de tres impresiones de unas almas heridas por las luces de la fe y el amor.


La muchacha que ofrece dos velas encendidas al paso de la Virgen tiene expresión de un hondo sentimiento de respeto; de una actitud cohibida e impresionada ante la vista de la Reina y Señora.


El muchacho que alarga el brazo ofreciendo su vela tiene expresión de seriedad viril, de acatamiento emotivo y sincero, de fe hombruna y robusta.


¡Y el viejo...! ¡Qué expresión la del viejo! En su semblante resplandece la fe. El viejo “ve” a la Virgen. En la imagen ve a la misma Señora tal como está en el cielo; y esta visión del cielo se refleja en su cara.


En su expresión yo veo algo más que un mirar y más que un sonreír. Se ve en él la expresión del que contempla lo que no pueden ver ojos humanos. Se ve en su sonreír una oración que aflora sin palabras a sus labios ya hundidos por los años. Y se ve en su mirada que “está viendo”.


Lo que el viejo está viendo no lo ven los demás. Lo ve él tan sólo. La Virgen ha querido mostrarse a este hijo suyo tal y como Ella es, en premio a aquel mirar hondo y ferviente.


En el Rocío, ese día, el día en que ese viejo de tan pobre apariencia ha mirado a la Virgen con aquella mirada de tan honda emoción y tanta fe, ese día, la Virgen quiso inundar de gracia a aquel hijo de ropas tan humildes que con sus manos cruzadas y su mirar tan hondo parece que está en duda de pedir o de dar.


Y en lugar de pedir bienestar y abundancia para él, ha preferido dar, y le ha dado a la Virgen la ofrenda de su fe y de su emoción.


Mientras, Ella le daba, con su gracia, esa serena paz que reina en su semblante de labriego andaluz.



José MONTOTO

sábado, 4 de septiembre de 2010

CARTA ABIERTA: LA CORONACIÓN DE LA VIRGEN DEL ROCÍO

Cristóbal Jurado Carrillo. Párroco de Niebla.

Diario “La Provincia”

26 de Mayo de 1918


Al muy lltmo. Sr. D. Juan F. Muñoz, Canónigo de Sevilla.


Muy ilustre señor: Al leer su artículo «La pelota en el tejado», inserto en el «Correo de Andalucía» el 25 de Mayo próximo pasado, me alegré, porque coincidía usted conmigo en que debe ser coronada canónicamente la popularísima imagen de la Virgen del Rocío, célebre en el condado de Niebla.

Y aunque no soy hijo de Huelva ni aún de la piadosísima Sevilla, en el orden de la naturaleza, no por eso dejo de serlo de la primera por la adopción y gracia de la fe cristiana y de la prescripción del tiempo, pues llevo muy cerca de treinta años de vida parroquial en Niebla, de la tierra de los choqueros, y en la Archidiócesis hispalense.

En gracia a estos títulos honrosísimos fui el primero que en mi esperpento literario «El traje de luces», en honor de la Virgen del Rocío, editado por la insigne Academia Bibliográfico Mariana, de la ciudad de Lérida en 1916, pedía por mediación de un pobre torerillo andaluz, Manolillo «el choquero», protagonista del cuento, discípulo del señor Siurot y del entonces célebre arcipreste, hoy obispo de Olimpo, al Eminentísimo señor Cardenal-Arzobispo de Sevilla, la Coronación canónica de la Virgen del Rocío, en recuerdo de la Asunción gloriosa de María a los Cielos.

Pero no hay cosa peor en este valle de lágrimas que ser curas villanos y pecadores, que dirían cervantistas, para que ni la diva fortuna se cuide de hacer germinar la diminuta semilla, y que sea preciso pasar antes, como en el caso de la Bernadita en Lourdes, por las pruebas del hierro y del fuego para llevar adelante la piadosa empresa. Y que se cumpla el dicho evangélico: «De que Dios se vale de las cosas despreciables para confundir a los fuertes.»

Y aquí viene como anillo al dedo lo de la constitución de una célebre junta, no tan célebre como las militares, para defender, no ya los garbanzos sino la justicia de la coronación de la Virgen del Rocío, como reina de los peregrinos del condado en esta vida terrenal.

Como principios de la gran empresa en manos de usted, por ser buenas manos, y además como hijo del célebre Condado, del cual, aunque mercenario, tengo hoy la llave, con las viejas tradiciones de sus notables condes y la Santa memoria de sus prelados, pongo con esta Epístola, ejemplares modestos por ser míos, de la «Historia de las Coronaciones de las Imágenes de la Virgen», de los «Derechos de María a ser coronada en sus Imágenes» de las «Coronas que deben ostentar las Imágenes de María con arreglo a su época»; y «Proyectos amplísimos para celebrar las fiestas de las Coronaciones en obsequio de los Reverendos Prelados y de las autoridades civiles con el Visto Bueno de la Academia Mariana de Lérida.

Con cuyos materiales no hay más que coser y cantar, o mejor dicho surcir solamente; pues en lo de cantar hay que tener presente, el dicho español: «Cuando el español canta, o lleva la procesión por dentro o no tiene una blanca».

Lo cual quiere decir que para cantar a la Virgen del Rocío en la gran plegaria de su coronación solemne, hacen falta algunos fondos, por lo cual comienzo yo enviando mi pobre, pero generosa suscripción, de cinco pesetas, como el pequeño óbolo de la viuda, al señor cura párroco de Almonte.

Y así siguiéndome los demás fieles devotos tendremos pronto lo del chistoso sainetillo andaluz.

«Cantaré, cantaré, porque hay viñas y olivares».

Resultando de todo esto, para gloria de María, que la historia del Santuario del Rocío cantará en su día, que un ilustre canónigo de Sevilla, hijo de la provincia de Huelva, y un modestísimo cura de Niebla, iniciaron el pensamiento de la Coronación solemne de la Virgen del Rocío, la más popular de la Archidiócesis hispalense y del célebre Condado de Niebla en la provincia de Huelva.