sábado, 21 de mayo de 2011

LOS TAMBORILEROS DEL ROCIO



Por Fray Sebastián de Villaviciosa
Revista ROCIO febrero 1962


Acordó el Señor la creación del mundo, y un día de los siglos imposible de calcular, sus labios pronunciaron las palabras omnipotentes que lo sacaron de la nada: “Que se haga la luz, que las aguas, los aires y la tierra germinen sus frutos..” La variedad de pájaros, peces y flores fue ya consecuencia natural de la infinita fecundidad de la palabra de Dios. Así también otro día, ya del siglo XV, la Madre de Dios quiso su Rocío como centro de atracción para salvar a los hombres en el tiempo y en la eternidad. La variedad de emociones en las fiestas rocieras fue ya sencilla consecuencia del querer casi omnipotente de la Blanca Paloma.

Nadie sabría decirnos cuándo las estrellas comenzaron a distinguirse de los luceros, ni cuando las primeras rosas se multiplicaron en sus diversos matices. Ni tampoco sabe nadie cuándo en las fiestas rocieras se fueron perfilando los diversos actos de su liturgia popular; quién dispuso el Rodeo y cuándo aparecieron los tamborileros, elementos esenciales en la fantástica romería, porque son los que le echan la sal a montones y me ponen a las criaturas a punto de caramelo.

Yo creo que los tamborileros aparecieron solos en el Rocío, al hacerse necesaria su figura y su música en las fiestas reales y campestres sin artificio de cosa estudiada, abierta al sol y a los aires del mar y la tierra.

Como la sal al pan, al Rocío de la Virgen le son absolutamente necesarios sus tamborileros, de estampa inconfundible con los de otras regiones. Ellos mismos no se conocen cuando tocan en otras romerías; en la suya, parecen fundidos en bronce, insensibles al sol, al sueño y al cansancio. Misterio éste puramente rociero; como hombres d carne y hueso tienen la resistencia de aquellos titanes de la mitología clásica. Con cuatro “cabezás”, como suele decirse, y atienen cuerda para rato, para esas interminables horas de constante tocar en su misión de espolear la alegría, sostener el ritmo del baile y tenerme a las criaturas en tensión de Rocío mientras dure la fiesta.

Los tamborileros de la Blanca Paloma tienen el rumboso título de beneficiados organistas en la catedral del Rocío, y tan orgullosos están de su beneficio, que no lo cambiarían por el de organista de la Catedral de Sevilla. Son los caballeros cubiertos ante la Reina de las Marismas, la única realeza verdad, después de la de Cristo, que hubo siempre en Andalucía, y por eso el mirarlos como a algo íntimo de la hermosísima Señora. En la expectación rociera de todo un año, con su aparición en los pueblos, tienen el carácter de profetas que anuncian el minuto de la realidad. También tiene algo de Arcángel San Gabriel, por su alegre misión de anunciar el Rocío de María Santísima.

La aparición de los tamborileros en los pueblos que pertenecen al imperio de la Blanca Paloma tiene todo el carácter de acontecimiento soñado con inquietudes de tardanza, porque si hasta entonces el deseo era llama, ellos lo convierten en hoguera con su música inimitable. Las luces del Rocío brillarán ya en los pueblos hasta el momento de comenzar la marcha, para espabilar a los dormidos y sostener la ilusión de los despiertos.

Con la filigrana de su música inconfundible, los tamborileros escriben en el aire caliente de mayo el mensaje de flores que la Blanca Paloma manda a sus devotos llamándolos a su Rocío, del que son los más expresivos pregoneros. Sin leyes escritas que definan su cargo, todos son iguales en el desempeño de su misión pregonera. Hasta su tipo físico se ajusta a un canon sin acuerdo: Delgados siempre; los excesivamente altos y gruesos, se excluyen solos al faltarles vocación; porque también para tamborilero del Rocío, como para fraile, se necesita vocación, que quiere decir, llamamiento. Un día los llamó la Virgen y ellos respondieron orgullosos de tan alta dignidad.

Ningún cambio social o político alteró sus maneras de ser, por muy profundas huellas que dejaran en la vida. Nacieron como son hoy, y mejor, como los quiso su Reina. Pasaron por los siglos y los tiempos sin que los tiempos y los siglos pasaran por ellos, como si pesar sobre su cargo una especie de ritual consagración en el sentido humano de la palabra: En un conjuro y como divino sortilegio de monte y marisma, de agua y de sol, de juncos y romero, una graciosa bendición de la Blanca Paloma le embrujó el tamboril, mientras del Divino Pastorcito le encantaba la flauta. Podrán tocar en otras romerías, y lo hacen, pero nunca como en aquella para la que fueron “consagrados” en conjunción el monte con la marisma.

Sin conocer las normas estéticas de la armonía, ni entender de claves y sostenidos, bordan con su inspiración tan concertados arpegios, que yo he visto a un compositor vasco de fama nacional irse tras ellos sin cansarse de escucharlos. En fiestas reales abiertas a los aires del campo, como son las del Rocío, se imponía la Marcha Real con perfil campestre, y aquí está su arte y su secreto: cuando la tocan en la ermita, parece como que bordan en el manto de la Virgen las flores de lis de la realeza española.

En cada estampa rociera los tamborileros tienen su justo sitio escogido desde siglos por admirable instinto: delante de la carreta del Simpecado cuando va camino de las marismas; precediendo a la Hermandad cuando se dirige a la ermita... Van entonces como abriendo camino de flores a la Blanca Paloma.

Fue emocionante la “consagración” especial de un tamborilero como de quince añillos, a quien su abuelo, ya achacoso, le cedía el cargo. El muchacho era fino, moreno y con el pelo negro y rebelde. Llegaron al atrio de la ermita, el abuelo tocó por un breve espacio y por última vez la música de sus amores, entregando el tamboril y la flauta al nietecillo, que entró en la ermita tocando, hasta llegar al altar, donde se puso de rodillas. Se adivinaba la sonrisa de la Blanca Paloma y la bendición del Pastorcito al nuevo tamborilero de su Madre.

De acuerdo con los sentimientos maternales de la Virgen, bien pudiera ser que a la muerte de un tamborilero el Ángel del Rocío lo espere a las puertas del Cielo, le ponga en las manos tamboril de flores y estrellas, y tocando l música de su ilusión llegar hasta el trono de gloria donde en el Cielo triunfa la Reina y Pastora de las Marismas.

Fray Sebastián de Villaviciosa

jueves, 13 de enero de 2011

EL ROCIO DE LOS ALMONTEÑOS



Por Ángel Díaz de la Serna y Carrión
Revista ROCIO nº 45 junio 1962


Nadie toque a la Virgen
nadie se atreva,
que son hombres de Almonte
los que la llevan.


En pleno campo, bajo un cielo purísimo, que el son abrillanta, se lanza al espacio de la limpia mañana del lunes de Pentecostés la promesa segura de la inmediata salida de la Santísima Virgen del Rocío.

Terminada la última misa, un avasallador entusiasmo se apodera de todos los corazones almonteños, agolpándose a la reja del Presbiterio, que entre vivas y salves esperan ansiosos que se vaya acercando la hora señalada para que puedan traspasarla... Ya no se puede resistir más, y Ella, con su sonrisa hechicera, como Generala suprema, invita a su glorioso ejército de pantalones de pana y camisas sudorosas, el asalto a la fortaleza. La avalancha de almonteños, al unísono, salta y despojan del altar toda la riqueza que lo cubría, dejando sólo el paso de plata de Ella, sonriendo a sus hijos predilectos, a pesar de su semejanza con un árbol aislado en una extensa campiña, una gran noche de tormenta.

La Virgen desciende como precipitada de la altura, como si tuviera alas y fuera a posarse sobre el millar de cabezas y brazos, que la esperan ansiosos, como los judíos el maná del desierto, para poderla lucir triunfante y demostrarle al forastero que si ellos no lo hicieron a la entrada como los demás (porque ellos no entran porque están en lo suyo), saben hacer alardes de supremacía, paseándola para admiración y estremecimiento de todos, ¡a Ella, la más bella de las Vírgenes y la más amante de las Madres!

Ya está la Virgen en la calle (si se le puede llamar calle a la explanada de polvo y arena que se extiende delante de la ermita) y apenas sale, el mundo entero observa un fenómeno atmosférico que los deja paralizados, a todos menos a los rocieros, porque sabemos que:

Cuando por la Marisma
la Virgen sale,
hasta el Sol se detiene
para rezarle.


Los que saben rezar, rezan siempre que el nudo que se les forma en la garganta y las lágrimas lo dejen; los que no, los que somos hijos del campo, los que no sabemos de ciencias teológicas, pero sabemos amar y dar a cada uno lo que es suyo, nos aferramos a las andas del paso y allí derramamos el raudal de emociones que tenemos oculto, allí pedimos fe, que no nos falte la esperanza, que tengamos caridad, que seamos responsables en nuestros puestos de batalla, que haya justicia en el mundo, y paz y lumbre, y Dios por encima de todo; y allí le rezamos con los músculos, con las lágrimas, con la sangre, con el sudor, con la fatiga, deseosos de ser uno más de los que se cobijan bajo el manto misericordioso de esa Reina y Pastora que para los almonteños es Madre, Esposa y Hermana.

¡Que contenta estará la Virgen con aquel generoso dar de aquellos sencillos corazones!

Se apiñan, se enlazan, se destrozan, nada importa, queremos ser los pilares fundamentales que sostengan a la Madre del Redentor; el polvo que se levanta, se eleva hasta el Cielo, donde los ángeles lo recogen y lo pasan al haber del libro de la Vida, de cada uno, de los que luchan por dejar si es preciso las tiras de su propia carne, para que a la hora del Juicio y ante tremenda factura pueda decirnos:

¡Venid, benditos de mi Padre, os esperaba, para que forméis mi corte de honor!

Almas caritativas que bien pudieran llamarse Verónicas, abanican con cariño a los más expuestos a morir asfixiados.

Se hacen esfuerzo sobrehumanos para siquiera poder tocar los varales del paso, repitiéndose las escenas evangélicas, de aquellos primeros cristianaos que sabían sanaban con el solo tacto de las vestiduras de Jesús.

¡Aquello es algo brutalmente sublime!, como le oí decir llorando a un sacerdote, cuando por primera vez vio la incomparable procesión.

Para poder sentir verdaderamente lo que se siente debajo de esas andas que tantas súplicas y tantas gracias tienen oídas y esculpidas con sudor y sangre almonteña, se necesita ser almonteño, ¡no nacido y bautizado en Almonte, como muchos se creen, sino ser almonteño por espíritu y por amor a esa Reina y Señora de las Marismas!

Y esa es la única razón de ser de por qué el patrono, el intelectual, el trabajador y hasta Infantes de España, formando la más bella hermandad cristiana, se disputan el honor de una asfixia.

Y ese amor ciego, brutal si queréis, pero sincero, es el origen y fin de ser de esa Romería a la que tantos pusilánimes de espíritu, devotos de vía estrecha, ponen en entredicho y se santiguan como beatas al oír hablar de lo que para nosotros los almonteños es la ilusión de todo un año.

En incontables ocasiones, cuando por mis deberes de estudiante me encontraba lejos de Almonte, he oído de bocas detractoras calificarnos de bestias, fanáticos e irrespetuosos; en ese momento cumbre de nuestro “Rocío sin par”, yo, Madre y Señora Nuestra, lo único que te pido, Blanca Paloma, es que nunca, en ningún momento de mi vida, deje de amarte, pero no con ese amor fino y delicado con que, por lo visto, lo hacen los espíritus refinados, sino con el amor avasallador y desenfrenado, lleno de primitivo salvajismo, con que te amaron mis abuelos, te aman mis padres y con el que quiero que el día de mañana te amen mis hijos.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Para tomar cuatro copas…

Como bien diría alguna persona mayor, la cual sabe más por viejo que por diablo, los amigos se cuentan con los dedos de una mano. Yo soy de los que piensan, que de esa mano sobran bastantes y de los cuales, siempre estará, el que te pega la puñalada trapera por lo que sea… ¡Hablar es gratis! y el que esté libre de pecado, que tenga los cojones suficientes para tirar la primera piedra…
Desde que era un niño siempre he estado rodeado de mucha gente, pero siempre he echado en falta lo mismo. Siempre he buscado por un lado y por otro un mismo significado, el cual, aunque sea una sola, todos hemos sentido o creído sentir a lo largo de nuestra vida. Buscando en el diccionario de la Real Academia de la Lengua, amistad significa “relación de afecto y confianza entre las personas”, por lo cual yo pensaba, o soy la persona más complicada del mundo, o eso… yo lo veo muy poco.
Hace poco más de un año que empecé la etapa de mi vida en la que decido de terminar algo académicamente hablando y le hecho cojones y horas al asunto. Gracias a un compañero de clase, el cual me ha demostrado que puedo contar con él para lo que sea, conocí a una serie de personas que de una manera u otra han influido en mi vida. Con ellos he pasado momentos inolvidables en los que me he reído hasta reventar y con los cuales, he derramado alguna lagrima que otra. Hablo de la gente, de la que hasta hoy es mi peña, la Peña Rociera “El Chusco – Los tiesos”.
Con ellos, he vivido este año una romería del Rocío inolvidable, llena de anécdotas y momentos  de muchísima emoción. Siempre quedara para mí, ese trocito de la calle Princesa Sofía, en la que disfrutamos como energúmenos de cuatro días junto a la Reina de los Cielos.
En aquella casa, aparte de todos estos, había gente que no había visto en ningún momento y que ahora están aquí, como otra parte importante de mi vida. Gente, con la cual, por  derroteros de la vida, estoy viviendo momentos inolvidables y un verano de categoría, como no recordaba desde que aquellos años en los que era un niño que jugaba con mi primo Joselito en los corrales de la Almadraba de Rota, con las rodillas llenas de tiritas de Mazinger Z y un taco de estampitas de futbol repetidas que apostaba jugando a las cartas en la puerta de la plaza de abastos de la zona norte.
Fue en ese Rocío, y exactamente hace más o menos 6 meses, donde conocí a un amigo, de los cuales, hasta el día de hoy, puedo decir que es de los de verdad, y que de una forma muy sencilla me ha enseñado parte del significado de la palabra amistad, sin pedirme nada a cambio, todo lo contrario… abriendo las puertas de su corazón de par en par.
Habrá de los que piensen que este articulo viene ahora para darme el pegote, o porque quiero endulzar las orejas de la gente. Sencillamente lo que piensen los demás sobre esto,  me viene al “pairo”, hablando de muy finas maneras, porque a mi gracias a Dios, no me hacen falta blogs ni historias para demostrar a nadie lo que soy ni de dónde vengo. Yo pienso que no soy de los que guarden, de los que no se saben por dónde van a venir las guantadas sin manos que de vez en cuando nos llevamos que nos hacen chiribitas en la cara. El que me conoce de verdad, sabe que estoy ahí para lo que necesite, con mis virtudes y mis muchos defectos, y que ayudo en todo si esta de mi mano y que siempre que me sea posible estaré a su lado sin buscar nada a cambio. Las gracias hay que dárselas a otros entes que hacen más por nosotros que nosotros por ellos y si alguien quiere comentar, que lo haga, que como ya he dicho antes hablar es gratis…
Para mí un amigo no es que me dice lo bien que hago esto  o lo bien que se lo pasa conmigo, por que como bien dice la sevillana que da nombre a este articulo “Para tomar cuatro copas amigos tengo un montón…”, de esos hay a montones compadre, nos los encontramos en cualquier sitio y a cualquier hora. Para mí un amigo, es aquella persona que sin decir ni preguntar nada, está junto a mí en los momentos en los que las lágrimas me salen de los ojos y corren por mis mejillas. Es aquel que sabe, a simple vista, que me pasa algo aunque no haya dicho ni una palabra y que con una simple mirada este al quite de todo y el toro no le viene por sorpresa.
Por muchas veces que lo piense en común solo tenemos algunas cosas, la Semana Santa, que nos bebemos lo mismo el White Label que el John Cor y que no cambiamos una fiesta ni por todo el oro del mundo… para nosotros lo importante es tener un “vasito” de los largos en la mano y hablar de tonterías como hablan los “señores” en una de esas noches de Jueves Sacramentales en los que da lo mismo que jugando a las cartas, salga el dos de oro (puto dos de oro) o que sea el culo… y que después de unas risas, y alguna que otra pelea de cómo se pondrá el Belén este año, haya una voz que diga “Prohibido el cante….” intentando callar las voces populares que rondan por la calle Tornería a esas horas de la noche….
Nunca cambiare esas noches de jueves en ese lugar, como tampoco cambiare esa sevillana de las que llamamos puras, que está en el CD medio rayado de mi coche… la número 7, que habla del  santero, el cohetero, la camarista y el tamborilero, que parece que hemos escrito nosotros porque es más nuestra que de ellos y cantamos a todas horas… Nunca cambiare muchas charlas en las que me has enseñado un sinfín de cosas por las cuales hay que darles la importancia que tienen y que casi siempre no vemos… A mí no me hacen falta Land Rovers llenos de gambas y langostinos por el coto mientras tú seas uno de los que estén en mi casa del Rocío, ya  sea en Princesa Sofía o en Santa Olaya.
Supongo que todo es muy prematuro y que las cosas de la amistad, lo mismo que las cosas de palacio, van muy pero que muy despacio, pero aun así, la felicidad no me la puede quitar nadie. Lo material se va todo por el desagüe, pero lo que se queda en el corazón, eso nos lo llevamos al Km 4 de la carretera oscura que hay entre Jerez y Estella, por que por mucho que luego lo intentemos borrar, quedara dentro de nosotros para el resto de la eternidad.
Sé que es poco tiempo para llamarla una gran amistad, pero lo único que sé es que si dentro de unos años las cosas siguen así, no seremos como amigos sino que seremos como hermanos…
 Gracias por estar ahí en los malos y en los buenos momentos…
Te quiero un montón artista.

jueves, 25 de noviembre de 2010

EL AJUAR DE LA SEÑORA DE REINA






















ESTO ES PARTE DEL RICO AJUAR DE LA VIRGEN DEL ROCIO CUANDO LUCE LAS GALAS DE REINA... TAMBIEN PODEMOS ENCONTRAS ENSERES DEL DIVINO PASTORCITO...

martes, 5 de octubre de 2010

NO SE ME BORRA EL RECUERDO, Y ERA MI PRIMER ROCIO...

Como dice la sevillana, que mi compadre Dani lleva hasta grabada en su medalla "No se me borra el recuerdo..., y era mi primer Rocio", asi tengo que empezar a hablar de una persona, la cual, tienen en mi corazon un pedazito muy grande por que se lo ha ganado solo con ser como es, buena gente.

Era el mes de Octubre de 2007, concretamente en el puente del Pilar cuando lo conoci, en la Aldea del Rocío, y fue por culpa de el, por lo cual conoci la verdad del Rocío, que no tiene otra que la Virgen...

Mi tato, que es asi como lo llamo desde aquellos dias, me ha enseñado con su saber estar y su amor a la Madre de Dios, que es el Rocio verdadero, el Rocio que no tiene ni panderetas ni guitarras... Un Rocio, en el cual, el camino no empieza ni un miercoles ni un jueves del mes de mayo, sino que empieza en el momento que se nace y se hace dia a dia...

Desde esos momentos, que vivimos en la Hermandad de Sanlucar de Barrameda, se que tengo una familia en la Ruta del Tempranillo, en un pueblo que esta rodeado de olivares y que huele a romero y lentisco por cada una de sus esquinas... Un pueblo llamado Badolatosa, donde se que tengo mi casa desde aquel momento y en la cual me han abierto sus puerta no como ha un amigo, sino como a un hijo.... Un pueblo en el que me siento como en mi casa, con su gente y tambien las mias, como la Tia Juana, Amparo, Jesus, Don Jose, Dolores, Fran, Juan de Dios, Marina,  el Tio Adolfo, los padres de Loli, y asi, un sin fin de personas que no quiero olvidar por toda la felicidad que aportan en aquella Taskita que es para mi, como la puerta de la Gloria...

Desde aqui lo que quiero que sepas, es que tanto tu como tu mujer y tus hijos, sois muy importantes para mi y que sois parte de esa familia rociera que se guarda en los adentros del alma y nunca se olvidan, que sin vuestra presencia en la Aldea, los Rocios siempre seran diferentes para mi....

Tato, ya mismo se cumpliran los dias y estaremos de nuevo en ese mismo sitio... Ya mismo estaremos mirando como esa gente de la Roda se esta partiendo las gargantas en su porche y Ella, quiere mirarnos con sus ojos verdes....



Gracias por estar ahi, y por enseñarme tantas cosas...por que aunque ya habia estado en el Rocio antes, ese fue mi primer Rocio, y no era ni romeria... Gracias por ese, Mi primer Rocio....

miércoles, 15 de septiembre de 2010

ME PARECIO QUE LLORABA

Por Antonio Caballero
Revista ROCIO marzo 1960


Tengo una pena en el alma... desde el 7 de Febrero...

Camino del Rocío, se suscitó el tema de que, de algún tiempo a esta parte, la Virgen llora...

En el Rocío, pareció me observar que la Blanca Paloma –la Virgen más bonita del mundo entero- estaba apenada, como queriendo romper a llorar...

Siempre la vi sonreír...; esto lo puedo jurar... De vuelta del Rocío, la pena que creí sorprender en el rostro bendito de la Reina y Madre de las Marismas me tiene hondamente preocupado...

Por qué está triste la Blanca Paloma? ¿Por qué ha de llorar la Reina de las Marismas?

Conocemos algunos motivos que hicieron llorar a Jesús: el encuentro con las almas enlutadas por la muerte de seres queridos, la amargura de amistades rotas, la previsión de catástrofes patrióticas con toda la secuela de víctimas inocentes y culpables...

Íntimamente compenetrada con Jesús, su Madre María. La solidaridad con la desgracia humana, el desconsuelo de amistades rotas, la amenaza de conflictos bélicos...; todo eso puede provocar las lágrimas de nuestra bendita Madre la Virgen del Rocío...

Digan si no es para llorar una Madre el desacato de los hijos al Padre, la desunión de los hermanos que se llevan a matar!

No ha de dolerle a la Madre de los hombres que se empeñen en convertir en Calvario el mundo universo!

No ha de sentir honda pena ante el egoísmo humano, pronto a pedir favores, tardo en ofrecer consuelos!

Que ya va siendo hora de que los auténticos rocieros acudan al Santuario de Almonte a compartir alegrías con Aquella que es la causa de cuantas tener podamos...

Que ya va siendo hora de que los auténticos rocieros incorporen a su vida el misterio de María que no es otro que llevarnos a Jesús...

Y si las sonrisas que siempre prodigó en su Palomar de Almonte no lograron, en muchos casos, ganar para Cristo al “fervoroso” rociero, nada más lógico que muestre su contrariedad y disgusto con el reproche imponente de las lágrimas de una Madre que llora...

Me parece que lloraba... Si la seriedad de la vida, si el sentido del pecado, si la importancia de la salvación, si el sentir con la Iglesia y con el débil, si el dejarnos llevar por su mano hasta el encuentro con Jesús, si la práctica de los Ejercicios Espirituales..., si todas esas cosas en conjunto, o cualquiera de ellas en particular, fuera requisito para enjugarte las lágrimas y devolverte la sonrisa, ¡oh mi Virgen del Rocío!, yo lo haría todo...
¡¡ANTES DE VERTE LLORAR!!

ANTONIO CABALLERO
Puerto de Santa María

jueves, 9 de septiembre de 2010

DECRETO DE CORONACIÓN CANÓNICA DE LA STMA. VIRGEN DEL ROCÍO

“Rafael, del titulo de Santa Práxedes, de la Santa Iglesia Romana presbítero Cardenal Merry del Val, Arcipreste de la Santa y Patriarcal Basílica del Príncipe de los Apóstoles, de Roma, Prefecto de la Sagrada Congregación de la Reverenda fabrica y del capitulo y canónigos de la misma.



Al Eminentísimo y Reverendísimo Señor Enrique Almaraz y Santos, Arzobispo de Sevilla, en España, salud sempiterna en el Señor:

A nuestro Capítulo, al cual pertenece el derecho y el honor de coronar las imágenes de la Madre de Dios celebérrimas por la antigüedad de su culto o por sus muchos milagros. Tú, Eminentísimo y Reverendísimo Señor, recientemente expusiste que era venerada en su iglesia, cerca de la villa de Almonte, de tu Archidiócesis, la preclara imagen de Nuestra Señora por el pueblo llamada NUESTRA SEÑORA DEL ROCIO, la cual, así por la fama de sus prodigios como por la antigüedad de su culto, recibe constante y fervorosa veneración de la religiosa piedad de los pueblos circunvecinos. Por lo cual, llevado de singular afecto de devoción, con instantes preces, pediste que la celebérrima Imagen fuese decorada con aquella corona áurea, con que suelen ser coronadas por nuestro Capítulo las más prodigiosas imágenes de la Madre de Dios. Sabemos, además, que a tus preces asisten los votos del Reverendísimo Clero y del Excelentísimo Ayuntamiento de la dicha VILLA DE ALMONTE y de innumerables fieles. Así, pues. Nos, con empeño constante, cuando se trata de honrar a la Santísima Virgen, estamos siempre solícitos, con objeto de que en todas partes se le rindan agradecidos obsequios de la devoción de los pueblos, propicios a estas súplicas, congregados en el día 11 de agosto de este año en el aula Capitular, examinamos el memorial de petición referente a la extendida fama de milagros y del celebérrimo culto de esta sagrada Imagen. Por lo cual, recibido primero el voto del Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Decano de Nuestro Capítulo, favorablemente emitido en este asunto, porque Nos estamos ciertos de que aquella augusta Imagen reúne plenamente todas las condiciones y circunstancias que se requieren para la solemne coronación, por acuerdo unánime decidimos y mandamos, para mayor gloria de la Santísima Trinidad y para nuevo y singular decoro y honor de la Madre de Dios, que la Santísima Imagen de Nuestra Señora, llamada por el pueblo NUESTRA SEÑORA DEL ROCIÓ, sea en solemne rito con diadema de oro coronada. La facultad de hacer esta coronación te concedemos a Tí, Eminentísimo y Reverendísimo Señor, y por las presentes letras te la conferimos, con objeto de que, el día que dispusiereis, convenientemente impongas la corona de oro en la sacratísima cabeza de la dicha Imagen, observando el rito que en tales ceremonias usamos, y si, impedido por cualquier causa, no pudieres realizarlo, te facultamos igualmente para subdelegar en otro constituido en dignidad eclesiástica.

Dado en Roma el día 8 de septiembre del año del Señor de 1918, del Pontificado de nuestro Santísimo Señor el Papa Benedicto XV año quinto.

José Cascioli, Canciller.

Domingo Caney Broggi, Secretario.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

SE QUEDA SOLA LA VIRGEN DEL ROCIO

Por Francisco Gil Delgado

ABC Sevilla mayo 1969


Al Rocío nos vamos. Hace unos años, las sevillanas rocieras dieron en ironizar sobre la construcción de la moderna carretera. La carretera está ahí; pero no ha vencido al camino de la marisma. Por una vez los artificial no ha arrinconado a lo espontáneo. Pero, ¿qué es lo que se ha salvado: el arte, el costumbrismo, el folklore, la belleza de la estampa campestre? Algo más. Se ha salvado una intensa y profunda experiencia de intercomunicación humana. Porque lo más humano –y lo más divino- del camino rociero es el destierro de la soledad.



Donde nada se produce, donde nada se encarece, donde no se vende y donde hay un derecho ancestral a consumir comunitariamente, no ha lugar para la competencia y, por lo tanto, para la impermeabilidad espiritual, que es la que produce el rechace de la soledad. Más aún: allí no puede subsistir ni el reducto último de la incomunicación, que es la negativa del perdón:



“las riñas se vuelven bromas

cuando se oye una voz

¡Viva la Blanca Paloma!


Por eso lo verdaderos garbanzos negros del Rocío son los que no saben perdonar, a pesar de que ellos está siendo perdonados de continuo.


Está bien lo de ir en coche. Pero en el coche anida la competencia: la necesidad de adelantar, de disputar el aparcamiento, de completar plazas, de ir contra reloj. Estas cosas no se dan en el largo y cansino camino de las carretas, donde no hay más reloj que el sol de las alturas. El coche es una reluciente jaula de hermetismo, a la que no es posible acercarse para pedir una copa, una aspirina, un poco de agua o simplemente a preguntar “de donde vienen ustedes”. ¡Va tan ligero el coche! El coche es nuestro propio mundo de cada día, maestro en cerrar espacios. Y las carretas son la ciudad sin murallas, sin puertas, sin reloj. El mundo de las carretas es el mundo de la suprema condescendencia, de la inmensa apertura, del absoluto perdón. El destierro de la soledad.

La vuelta del Rocío, por el camino de la marisma, tiene un dejo de melancolía que no tiene la ida. No es la tristeza de la decepción, como la “vuelta de la feria”, cuando se comprueba que no hay relación entre el sueño y la realidad. No es así. Del Rocío se vuelve satisfecho: la realidad del encuentro con la Señora supera en mucho a la esperanza. Y, sin embrago, hay algo que se derrumba silenciosamente dentro del alma de cada romero en la tarde del lunes, cuando el crepúsculo resbala por los altos eucaliptos del coto. Sólo quedan dos días de comunidad rociera. A la vuelta de un recodo, las chumberas dejarán ver la cinta gris de la carretera: los pueblos engalanados; el ruido de la gente; la lucha por la vida... el retorno a la soledad. Este miedo anticipado es el que llevaba a trasladar nuestra sensación de soledad a la propia Virgen del Rocío en aquella vieja canción que se cantaba como un ritual litúrgico al trasponer el Ajolí de vuelta:



“La Virgen del Rocío

se queda sola,

por aquella marisma

siendo pastora”.


Éramos nosotros los amenazados de soledad; pero nos consolábamos haciendo partícipe de la misma a la propia Virgen.


La copla parece que está ya desplazada por los acontecimientos. ¿Quién se atreverá a decir que se queda sola una Virgen que entre promesas, planes de playa, días de turismo y jornadas de piedad, no deja de ver cómo se paran delante de su santuario, a lo largo del año, miles y miles de coches relucientes? Está bien; pero eso “no” es el Rocío propiamente. Son “visitas” al Rocío. Todos es veloz, fugaz, sin tiempo para la reflexión es el mundo de los coches, el mundo de las competencias, que se acerca, que toca en el Rocío, sin llegar a transformarse. En ese sentido, sin lugar a dudas, el final de la romería sigue dejando sola a la Virgen, sola de una experiencia de apertura humana que, ¡ay!, únicamente dura siete días.


Y sin embargo las cosas no pueden dejar de ser así. La vuelta se impone; las carretas tienen que despojarse de sus encajes, para volver escuálidas a hincharse de heno en el campo o simplemente para dormir un año en el polvo del corral. Y nosotros hemos de volver a la vida: a la vida de las competencias, de los mercados, de la sociedad de consumo. Otra vez el ir y venir de nuestra existencia, como pelota de frontón, desgranando día a día nuestra propia e intransferible soledad.


¿Qué haremos? ¿Añorar, arropados de romantismo estéril? ¿Pactar con lo negro de la vida, como modernos saduceos? ¿Decir que las cosas no tienen remedio y que “lo del Rocío” no es más que un paréntesis? Precisamente porque esto es lo que hace la generalidad de los mortales rocieros al desvestirse de sus trajes de caminantes, es por lo que la vieja copla puede seguir desgranando su melancolía de una “Virgen que se queda sola –por aquella marisma- siendo pastora”.


Se puede hacer algo más. Luchar por convertir nuestra vida conforme al patrón de las virtudes rocieras. “Donde no hay amor, pon amor y tendrá amor”, decía Fray Juan de la Cruz, que pasó su vida en una terrible prueba de soledad y noche oscura. Qué duda cabe: sin espectacularidad, sordamente y cuesta arriba, cada uno de nosotros puede intentar hacer del resto de las semanas del año un Rocío chico, pero ancho.

martes, 7 de septiembre de 2010

REINA Y MADRE

Por José Montoto

ABC Sevilla 25 de mayo 1969


La Virgen. He aquí el amor más hondo y sincero de las gentes de España; el más hondo y sincero de las gentes del Sur; del Sur, que es todo entero de la Virgen, porque en Andalucía reina Ella sobre el trono de gloria de muchos corazones que le rinden honor. La Virgen, con mil nombres distintos, todo bellos y ungidos de poesía, tiene cortes diversas en preciosas ermitas, en magníficos templos, en viejas, centenarias catedrales.


Dicen algunos espíritus mezquinos que hay exageración en ese marianismo. Les parece que es cosa exagerada que en una misma iglesia haya tres, cuatro, cinco imágenes distintas de la excelsa Señora con títulos diversos: el Carmen, los Dolores, la Merced, el Rosario... a más de aquella que lleva el título de Patrona local. Quienes opinan esto no se fijan en que también guardamos fotografías distintas de nuestra madre en diversas etapas de su vida: de soltera, de madre joven, de mujer ya cuajada, de señora mayor... Y cada una de ella nos sugiere un periodo de su vida, un episodio único, un recuerdo distinto.


La Virgen en sus advocaciones nos habla de mil cosas muy bellas y episódicas que son como relieves de aquella cosa grande que es inmutable y única: de ser Madre de Dios y Madre nuestra. Una madre a la que vestimos de diversas maneras y a la que conferimos títulos variados, pero que es en esencia una tan sólo: Santa María Virgen. Sentada en rico trono, de pie erguida y gallarda, con el Niño en los brazos, con cetro y con corona, como Reina del mundo y Emperatriz del cielo, es una y es la misma, aun siendo tan distinta en trajes y actitudes. Sus nombres son poéticos y bellos: del Monte, de la Sierra, del Camino o la Fuente, de la Luz, del Consuelo, de Gracia, de Esperanza... o, como la de Almonte, del Rocío.


El rocío, que no es lluvia, no es sequedad tampoco; es discreta humedad deliciosa que da vida a las plantas, que constela de perlas las hierbas de los campos. Ella es como un regalo de los cielos que da al campo hermosura y esplendor. La Virgen del Rocío es todo eso. Su intensa devoción es a modo de un riego que cae sobre las almas de esos buenos honrados almonteños y sobre los devotos de toda esta región.


No hay, lector, no es posible que exista exceso alguno ni haya exageración en honrar a María a la manera andaluza: con largueza, con lujo, con rumbo y despilfarro; no es posible que en ello se peque nunca por carta de más. La devoción a la Virgen no es tan sólo un impulso que nazca en nuestros corazones, sino que es la obediencia a un mandato de Dios. Fue en el Calvario en donde Jesús dijo a María señalando a San Juan: “He ahí a tu hijo”. Fue enclavado en la cruz cuando a San Juan dijo Nuestro Señor: “He ahí a tu Madre”.

Ella, María Santísima, que es como la aclamamos en mi pueblo, es la Reina de toda esta región. En unos santuarios hay peregrinaciones de carácter local, otras revisten el carácter de comarcal, y esta otra del Rocío es interprovincial, es regional y casi yo diría que nacional. En llanura sin fin, sobre un tapiz de hierbas que viste de verdor al campo entero, al arrimo de casas de sencilla andaluza arquitectura, se alza la iglesia nueva, relicario precioso de tan insigne joya. Y esa joya preciosa, refulgente de gloria sobre trono de plata, sale el día de su fiesta a regalar a todos con su dulce sonreír.


Hace ya medio siglo que un día fue coronada de oro y pedrería. Vuelven hoy a ceñirle esa corona, que supone riqueza generosa. Pero tiene algo más que oro precioso, porque es que la corona va nimbada de un efluvio de amor y de total entrega. Y al pasar en triunfante apoteosis la Virgen del Rocío por la llanura, será, como decimos en la Salve, Reina y Madre de todos, porque fue concebida sin pecado y fue Madre de Dios.

José MONTOTO.

lunes, 6 de septiembre de 2010

¿QUIEN TIRÓ LA PELOTA: JURADO CARRILLO O MUÑOZ Y PABON?





De todos es sabido, que en la historia del Rocío, hay un hecho importantísimo que fue la Coronación Canónica de la Virgen en 1919.

Siempre se le ha atribuido la idea de la misma al hinojero, D. Juan Francisco Muñoz y Pabón (con b y no con v como se ve en muchos sitios, incluso nomenclátor oficiales de calles), con su famoso artículo de "La pelota está en el tejado" publicado el 25 de Mayo de 1918.

Pero ¿realmente fue suya la idea?. Veamos los acontecimientos históricos.

En el año de 1915, la Academia Bibliográfica Mariana de Lérida, convoca un certamen literario en honor de la Virgen del Rocío. Al mismo, se presentó un modesto cuento titulado "El Traje de luces", escrito por D. Cristóbal Jurado Carrillo, Presbítero y Párroco de la localidad de Niebla (Huelva), el cual resultó premiado, siendo publicado al año siguiente.


En sus páginas y a través de su protagonista, Manolillo "el Choquero", un pobre torerillo de Huelva, Jurado Carillo solicita al Arzobispo de Sevilla, la Coronación de la Virgen del Rocío, en memoria de su Asunción gloriosa al cielo.

Recordemos que estamos en 1915. Textualmente podemos leer en el Capítulo V, Pág. 18: "La divina Señora encargó por último al torerillo que fuese a decir, de su parte, al Sr. Arzobispo de Sevilla, que quería que fuese coronada solemnemente su imagen del Rocío en recuerdo de su Asunción gloriosa a los cielos."

Volvamos a 1918. Al día siguiente de la publicación del artículo de Muñoz y Pabón, Jurado Carrillo le dedica una Carta abierta en el Diario "La Provincia", en la que deja claramente expresado que la idea de la Coronación partió de él a través de su cuento antes citado.


Tiempo después, el 7 Octubre del mismo año y en el diario "La Provincia", ya desaparecido, publica "Una Carta", dirigida esta vez al Sr. Presidente de la Junta de Caballeros para la Coronación de la Virgen del Rocío, que no era sino otro que Muñoz y Pabón, insistiendo ya no sólo en la autoría de la idea, sino que además manifiesta tener la misión de verificar el mayor numero de coronaciones de las imágenes célebres de María en España y América, amén de haber escrito numerosas obras para propagar tal devoción, premiadas por la Academia de Lérida anteriormente citada, de la que era Académico por oposición de mérito literario en Andalucía.



También fue quién redactó la exposición dirigida al Papa, solicitando la Coronación en nombre del pueblo de Almonte, que firmaron el Párroco D. Manuel Márquez Gómez y el Alcalde D. Antonio Acebedo Valladolid, así como el mismo Cristóbal Jurado Carrillo.

Otro hecho a destacar es que Jurado Carrillo, fue el representante oficial de los más altos estamentos de Huelva en los actos de la Coronación, tal y como se recoge en los saludas dirigidos al Sr. Cardenal Arzobispo de Sevilla, D. Enrique Almaraz y Santos.

En todas hay una frase que se repite: "iniciador", ya sea de "la hermosa idea", el "solemne acto", de "tan hermoso pensamiento"...

Entonces, ¿quién tiró la pelota al tejado?, como se pregunta Julio Flores Cala en su libro "El Rocío de ayer: 1900-1960":

De la Virgen del Rocío

y de su Coronación:

¿de quién fue aquella idea?

¿fue del párroco de Niebla

o de Muñoz y Pabón?

A la vista de los hechos históricos, hemos de pensar que fue Jurado Carrillo quién la "embarcó", como tradicionalmente de dice en esta tierra y que Juan Francisco Muñoz y Pabón, la recogió del mismo y jugó con ella hábilmente, valiéndose de su popularidad como escritor costumbrista, hasta marcar el gol que le llevaría a la fama.

Por eso, aunque Muñoz y Pabón organizara la Coronación logísticamente, hay que dar su sitio al Párroco de Niebla, Cristóbal Jurado Carrillo, como mentor de la misma tres años antes en su cuento "El Traje de Luces" y por lo tanto, verdadero padre de la idea.